Confesión de privaticidad en la sociedad de gananciales

Autor:Manuel Faus
Cargo del Autor:Notario
 
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La confesión de privaticidad es una posibilidad que admite el legislador cuando un matrimonio se rige por el régimen de la sociedad de gananciales.

Contenido
  • 1 Dificultad inicial de la confesión de privaticidad
  • 2 Confesión de privaticidad
    • 2.1 Requisitos de la confesión de privaticidad
    • 2.2 Reglas generales de la confesión de privaticidad
    • 2.3 El problema de la prueba en la confesión de privaticidad
    • 2.4 Confesión posterior
  • 3 Recursos adicionales
    • 3.1 En formularios
    • 3.2 En doctrina
    • 3.3 En esquemas
  • 4 Legislación básica
  • 5 Legislación citada
  • 6 Jurisprudencia citada
Dificultad inicial de la confesión de privaticidad

Cuando el régimen económico matrimonial por el que se rigen unos consortes es el régimen de gananciales, hay un principio legal: la presunción de ganancialidad que establece el artículo 1361 del Código CIvil (CC).

Se presumen gananciales los bienes existentes en el matrimonio mientras no se pruebe que pertenecen privativamente a uno de los dos cónyuges.

Pero este principio no impide que, en el momento de la adquisición, un cónyuge manifieste que la adquisición se realiza con dinero privativo y haya la confesión por el otro consorte.

Confesión de privaticidad Requisitos de la confesión de privaticidad

La llamada confesión de privaticidad tiene lugar cuando a título oneroso, constante matrimonio, se adquiere un bien por uno solo de los cónyuges casado en régimen legal de gananciales, y su consorte simplemente hace confesión del carácter privativo de la contraprestación efectuada.

El bien puede ser muebles o inmueble, pero en el caso de bienes muebles será difícil que haya prueba de la confesión, lo que no ocurre en el caso de bienes inmuebles en escritura pública; ello reviste especial importancia en las adquisiciones de bienes que tienen acceso al Registro de Propiedad.

Se requiere:

  • Que los cónyuges estén sujetos al régimen de gananciales.
  • Que la adquisición se haga por sólo un cónyuge; ello no impide que se adquiera una cuota a nombre de un cónyuge con confesión de privaticidad por el otro, y que otra cuota del mismo bien pueda ser adquirida con carácter ganancial.
  • Que la adquisición sea título oneroso.
  • Que el precio o la contraprestación no ha de resultar justificada o acreditada expresamente; de serlo ya no es bien privativo confesado, es bien privativo, no estando sujeto al régimen especial de los bienes privativos confesados.
  • Que si demuestra más tarde la procedencia privativa de la contraprestación, el bien dejaría de ser bien privativo confesado y pasaría a ser bien privativo acreditado.
Reglas generales de la confesión de privaticidad

Según el art. 1324 del CC, para probar entre cónyuges que determinados bienes son propios de uno de ellos, será bastante la confesión del otro, pero tal confesión por sí sola no perjudicará a los herederos forzosos del confesante, ni a los acreedores, sean de la comunidad o de cada uno de los cónyuges.

En consonancia con ello el art. 95.4 RH, dice:

  • En los supuestos en que la privaticidad resulte sólo de la confesión del consorte, se deberá expresar dicha circunstancia en la inscripción, que se practicará a nombre del cónyuge a cuyo favor se haga aquélla.
  • Todos los actos inscribibles relativos a estos bienes se realizarán exclusivamente por el cónyuge a cuyo favor se haya hecho la confesión.
  • Ahora bien, el cónyuge a cuyo favor se haya hecho la confesión necesitará, para los actos de disposición realizados después del fallecimiento del cónyuge confesante, el consentimiento de los herederos forzosos de éste, si los tuviere, salvo que el carácter privativo del bien resulte de la partición de la herencia.

Tal confesión, como dice el art. 1324 CC, no perjudicará a los herederos forzosos ni a los acreedores, sean de la comunidad o de cada uno de los cónyuges.

De precepto mencionados resulta:

a) la validez de la confesión inter partes; b) la limitación de sus efectos frente a terceros.

*La validez entre los cónyuges es indiscutible; normalmente, la confesión tiene lugar en el momento de la adquisición, concurriendo ambos cónyuges; no hay problema en que sea en momento posterior, (advirtiendo que, en todo caso, la DGRN exige que conste el NIF del confesante: por todas la Resolución de la DGRN de 13 de marzo de 2012 [j 1] e incluso es posible que la confesión tenga lugar en el momento de la liquidación de la sociedad conyugal.

La resolución de la DGRN de 27 de junio de 2005 [j 2] trata el siguiente tema: unos cónyuges, sujetos al régimen de gananciales, adquirieron un determinado bien; más tarde, con ocasión del convenio de separación confiesan que el bien es privativo de la mujer, por la procedencia privativa del dinero empleado; la Registradora no admitió la inscripción por ser la aseveración actual contraria a otra anterior, pues tal bien se adquirió conjuntamente por ambos cónyuges, y en aplicación del artículo 95.6 del Reglamento Hipotecario.

La DGRN revoca la nota, al indicar, en especial, que:

ningún obstáculo existe hoy a los contratos entre cónyuges (artículo 1323 CC), los cuales pueden liquidar el consorcio como tengan por conveniente (cfr. artículos 1410 y 1058 CC); y c) porque el art. 1324 CC establece que, entre cónyuges, es prueba la confesión, y si bien es cierto que la misma no puede perjudicar a los acreedores, no consta que existan tales acreedores.

* Los efectos frente a terceros los detalla la Sentencia de TS, Sala 1ª, de lo Civil, 15 de Enero de 2001, [j 3] diciendo:

esa confesión surte toda su eficacia entre cónyuges y también respecto a terceros siquiera los herederos forzosos del cónyuge confesante pueden impugnar la trascendencia de lo confesado cuando por su falsedad o por su exceso en el contenido económico perjudique sus derechos hereditarios y pueden impugnarla los acreedores en razón de una propiedad que no haya dejado de ser lo que por confesión se dice que ha cambiado y sobre la que, por lo mismo, pueden pretender realizar sus créditos siquiera para ello han de probar la falsedad de aquella confesión y la imposibilidad de cobrar sus créditos sobre otros bienes pues de otro modo, dado el tiempo posterior del nacimiento de sus créditos, han de pasar por lo que resulte de la confesión hecha de privaticidad, al no haber sido desvirtuada como le correspondería hacer a la entidad recurrida y no la probanza de lo contrario a la parte que ya tiene a su favor aquel reconocimiento confesado y cuyo fondo persistirá mientras no sea eficazmente impugnado a través de prueba adecuada.

Los terceros, a quienes la confesión de privaticidad no les afecta son los herederos y los acreedores.

* Herederos:

Aunque haya confesión de privaticidad en el momento de la herencia se precisará la concurrencia de todos los interesados, y por tanto de los legitimarios incluidos, tal como recuerda la Resolución de la DGRN de 13 de junio de 2003. [j 4]

* Acreedores:

La confesión de privaticidad no puede perjudicar a los acreedores.

Pero se plantea la pregunta, en materia de embargo sobre bienes inscritos a nombre de un cónyuge con confesión de privaticidad, si cuando se demanda al confesante, bastará para trabar una...

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